Crisálidas


“Vida mía tómame y transforma mi conciencia y dogma. Quiero ver y escuchar el sonido puro de mi ser. Rasga, déjame salir corta y limpia a través de mí…”

Egregor – Metamorfosis

En ocasiones siento que estoy entre un mar de gente, pero el vacío me golpea duro. Hay momentos en los que me siento muy pequeña, como si probablemente cualquier persona pudiera poner un pie sobre mi y acabar con mi existencia; así de diminuta, así de invisible.

Hace un tiempo escuche que todas las personas somos una isla, única e irrepetible. Para que estas islas sobrevivan en el mundo deben crear puentes que comuniquen con otras islas. Mis puentes se han desmoronado y aunque trate…no hay reparación.

Puede ser que existan momentos donde esta soledad que he auto-generado, esta muralla que cree contra el mundo exterior me oprima y sienta el frió de la soledad, pero he podido apreciar destellos de luz en esta oscuridad desoladora gracias a que he aislado mi sentir y ahogado mis pensamientos.

Aún así hay días en que tengo historias que contar, historias que relato a las paredes. No busco culpables para lo que siento, solo fluye por mi cuerpo esta ansiedad, estos pensamientos, esta tristeza que parece nunca acabar.

Vagos Recuerdos

No tengo muchos recuerdos de mi infancia, la mayoría de ellos cuenta con la presencia de mi padre bajo los efectos de alguna sustancia.

Es doloroso pensar en ello; muchas personas quizás tengan recuerdos alegres, recuerdos que aman…yo he preferido olvidar, callar estos oscuros recuerdos. Obligarme a pensar que no sucedieron, hoy 23 años después de mi nacimiento es mi propio padre quien sigue brindando recuerdos dolorosos a esa larga lista que ya tenia desde la niñez.

Mi padre es adicto, ha sido adicto los últimos 27 años (ha alternado este proceso con intentos de rehabilitación, intentos que no han funcionado). Mucha gente dirá que este camino es difícil para la persona que consume, pero déjenme contarles nuestra historia…una familia rota, donde todos sus participantes han sufrido algún daño colateral debido a este consumo.

Las relaciones están quebradas en casa, jamás nos hemos dicho alguna palabra de cariño. Aquí no hay comprensión, no hay abrazos, consuelo o cariño…Estamos todos rotos y secos por dentro.

Mi madre suele preocuparse por papá, yo me molesto cuando defiende su adicción e incluso le proporciona dinero para salir; de alguna forma creo que trata de convencerse a si misma que si le demuestra confianza el podrá cambiar. ¿Qué es lo que podemos hacer? Hemos vivido los últimos años inmersos en esta rutina , donde mi padre desaparece por días mientras está consumiendo y luego regresa enfermo, mamá lo lleva al médico; él dice que quiere parar, que comenzará el proceso de rehabilitación y luego vuelve a desaparecer.

¿Es posible nuevamente creer en alguien que te ha defraudado millones de veces a lo largo de tu vida?